caso · Gastronomía
Brote Café
brotecafe.com
El desafío
Brote abrió en un barrio donde ya había cinco cafeterías en la misma cuadra. El café era excelente, pero de afuera parecía una más: cartel prestado, vasos genéricos y un Instagram que no contaba nada. Nos llamaron con una pregunta directa: ¿cómo hacemos para que la gente elija cruzar la calle hacia nosotros?
El problema no era el producto —el café volaba— sino que la marca no estaba a la altura de la taza. No había identidad, no había tono, no había una razón visible para volver más allá del sabor. Y en gastronomía, lo que no se ve, no se recuerda.
La solución
Construimos una identidad completa desde el nombre: un sistema visual cálido, con una tipografía dibujada a mano y una paleta que va del verde brote al marrón tostado. Diseñamos vasos, bolsas, cartelería y un menú que se lee como una charla, no como una lista de precios.
Después bajamos todo eso a las redes: un feed con onda propia, plantillas para que el equipo publique sin depender de nosotros y una serie de piezas para el lanzamiento. A los tres meses, Brote pasó de ser 'la cafetería nueva' a tener cola los sábados y un feed que la gente etiqueta sola.
// el resultado
Una marca que ahora se reconoce
Un sistema visual con carácter, un feed coherente y un cliente que volvió por la segunda etapa.